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El espíritu festivo forma parte del ser andaluz aunque, contra lo que algunos creen, prejuiciosamente, no es algo opuesto al trabajo, sino, al contrario, su complemento o su compensación. El esfuerzo agobiante en las tareas del campo o saliendo a la mar -el duro y largo verano de los servicios para el turista, en tiempos más recientes- se soporta durante todo el año gracias a que las fiestas introducen intervalos de alegría y distracción, formas institucionales de escapar a la dura realidad cotidiana. Los pueblos que acogen al turismo han estimulado sus festejos tradicionales (y a veces los han aumentado) como homenaje a los visitantes, que observan siempre con regocijo esta capacidad de diversión y de espectáculo espontáneo.
En Mijas las fiestas se multiplican por la diseminación de distintos núcleos humanos, cada uno con sus propias celebraciones.
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